BIOGRAFÍA IBN AL-ABBÂR


IBN AL-ABBÂR

En 1999 se cumplieron ochocientos años del nacimiento de uno de los personajes más determinantes, a la vez que desconocido, de la historia valenciana: Ibn al-Abbâr

Sin duda la personalidad valenciana tiene unos orígenes concretos derivados de la civilización cristiana y occidental traída por el rey Conquistador, Jaume I pero eso no debe ser obstáculo para considerar nuestros, muy nuestros, personas y hechos de la Valencia anterior.

A pesar de nacer en la ciudad de Valencia, el uno de marzo de 1199 (595 de la Hégira), Ibn al-Abbâr era originario de Onda, descendiente de los Qudai, una antigua familia yemení establecida en la villa desde antiguo. El lugar de origen tenía capital importancia entre los árabes andalusíes, ya que en cierta forma era reflejo de su pertenencia a una saga distinguida.

Su padre fue su primer maestro, gran conocedor del Corán orador en la mezquita de la Saidía de Valencia y destacado poeta, que había nacido en Onda. Ibn al-Abbâr remarca la trascendente herencia que recibió de él: libros.

Una familia fuertemente preocupada por el cultivo del pensamiento lo induce muy pronto a tareas intelectuales. Tiene los mejores profesores posibles de la época. Viaja por Al-Andalus para conocer novedades científicas, literarias y políticas.

Se casa en 1222 y entra al servicio de Abu Zayd, del que pronto se convierte en primer secretario. Zayd, señor almohade de Valencia, pacta con Jaume I y acaba cristianizado y convertido en simple señor feudal de la actual comarca del Alt Millars.

La actitud claudicante de Abu Zayd es inaceptable para los musulmanes valencianos. Sobre todo para aquellos que se sienten herederos de una civilización insigne.

La profunda fe islámica de Ibn al-Abbâr no podrá soportar la cristianización de Abu Zayd y en 1231 volverá a Valencia poniéndose a las órdenes de Abú Jumail Zayyan, ex alcaide de Onda, con quien tenía muy afectuosas relaciones personales.

Zayyan lo convertirá en su hombre de confianza y cuando la defensa de Valencia, frente a Jaume I, se convierte en una empresa imposible, lo mandará a Túnez en petición de ayuda al emir Abú Zacariyya. Quedará para la literatura y la historia uno de los más bellos poemas que nunca se han pronunciado en misión de asistencia bélica.

¡Venid hacia Valencia con vuestros jinetes!
Allá, nuestras gentes han caído en desgracia.
En las mezquitas, ahora iglesias, la llamada a la oración
se ha hecho volteo de campanas. ¡Cuánta pérdida!
¿Cómo revivir el pasado? ¡Sólo son ruinas
los colegios aquellos donde todos recitaban el Corán!
El jardín que con deleite encantaba nuestros ojos,
las arboledas verdeantes, ya se han secado y endurecido.
Los parajes de los alrededores ya no existen,
aquellos que al viandante invitaban a permanecer o pasear.
Un infiel ha venido a borrar tanta belleza;
designado por el destino para traerle perdición,
deshacerla quiere a pedazos, y ni duerme ni reposa.
¡Venid hacia Valencia con vuestros jinetes!

La ayuda tunecina poco aprovechó a los musulmanes valencianos, pero la acción de lbn al-Abbâr con el prestigio conseguido, lo convirtieron en el hombre clave de los últimos momentos de la historia árabe de Valencia, hasta el punto de responsabilizarse de la firma del acta de capitulación por parte musulmana.

La caída de Valencia convertirá a Ibn al-Abbâr en un hombre sin patria, a pesar de la obra intelectual y política que aún llevará a cabo. Pero, constantemente lo remarcará desde el exilio, la patria perdida es el recuerdo obsesivo que lo impele a escribir y a vivir.

El exilio lo inducirá a escribir algunas de las más entrañables páginas de la literatura andalusí, como este fragmento epistolar:

Para siempre ya adiós a la tierra amada.
Nuestra juventud y los grandes amigos, perdidos,
Todo lo hermoso está ahora deshecho, disperso o lejano.
Sin júbilo ni hogar, vencido y no en paz me siento.
¿Dónde las casas de Valencia? ¿Dónde las voces de sus palomas?
Todo se ha perdido. Se ha perdido el Pont y la Russafa.
Se ha perdido Mislata y Massanassa. Todo se ha perdido.
¿Dónde aquellos prados con ríos y arboledas verdes?
¿Dónde los parajes aromáticos a donde solíamos retirarnos?
¿Dónde el céfiro siempre fresco? ¿Dónde los crepúsculos amables?
¡Ay Valencia! ¿Qué se ha hecho de aquellas mañanas en que el sol jugaba con el mar corriendo por la Albufera?
Nada puede hacerse cuando el destino trae la pérdida...

La pérdida de Valencia lo llevará, después de un cierto peregrinaje, a Túnez. El emir Abú Zakariyya, que tan admirado había quedado cuando la embajada por el sitio de Valencia, recibe a Ibn al-Abbâr con entusiasmo y le da cargos oficiales.

El aluvión de andalusíes valencianos emigrados a Túnez, y la alta formación de muchos de ellos, despertará la envidia de los funcionarios autóctonos, que no se privaron de atacar a los recién llegados. Por otra parte, los emigrados, en particular aquellos que procedían de un linaje ilustre, despreciaban a menudo, en ocasiones públicamente, la deficiente formación cultural o la pertenencia de los capitostes tunecinos, mayoritariamente beréberes, a clases sociales no estrictamente árabes. La arrogancia del valenciano le hizo ganarse enemistades poderosas que lo condujeron al destierro en dos ocasiones y, finalmente, a morir lanceado el 6 de enero de 1260. Su cadáver y sus originales fueron quemados en inútil intento de borrar una obra y una persona capitales en la historia de la cultura musulmana y valenciana.

Escribió cuarenta y cinco libros, desaparecidos en su mayoría, de variadas especialidades y temática. Como historiador ha sido resaltado como iniciador entre los árabes del estudio crítico de la historia, pero su poesía y su narrativa también lo distinguen como uno de los autores más notables de toda la producción literaria originada en Al-Andalus.

Una de las permanentes admiraciones que tenemos por el mundo andalusí deriva, probablemente, del alto valor que el conocimiento tenía en la sociedad hispano-musulmana. Los diccionarios biográficos o bibliográficos, y de forma destacada el escrito por Ibn al-Abbâr llamado Takmila, son reflejo de la sabiduría de los personajes biografiados: sabiduría religiosa, científica, artística o social, siempre demostración y constatación de un estudio permanente de cualquier parcela del saber como distintivo máximo de la sociedad.

La producción biográfica de Ibn al-Abbâr lo sitúan entre los grandes biógrafos árabes de todos los tiempos. Estas obras nos lo muestran como un infatigable recopilador de la sabiduría del mundo andalusí y musulmán en general. Infatigable y original, Ibn al-Abbâr será el primer biógrafo árabe que incluirá mujeres en sus repertorios, para sorpresa y escándalo de contemporáneos y posteriores.

Los poemas de Ibn al-Abbâr están muy lejos de la clásica literatura árabe del desierto y la trashumancia. Son hijos de una concepción vital derivada de una noción nítidamente mediterránea y, a menudo, voluptuosa. Las relaciones personales, la bebida, los manjares, la delicadeza en el vestir señalan unas maneras poco ortodoxas, una determinada idea de vivir fuertemente ligada a la efervescencia y el epicureismo de la civilización mediterránea.

Ibn al-Abbâr el poeta, político, historiador teórico religioso, narrador y ensayista, bien puede ser considerado símbolo ilustre de la historia de Shark al-Andalus, del territorio valenciano en época musulmana. Y de toda la historia valenciana en general.

Extraído de Ibn al-Abbâr. Memoria a recobrar
Por Jesús Huguet i Pascual
Diseño de Ibn Al-Abbâr
Joaquín Puchal -Secretario CFNC IBN AL-ABBÂR- ONDA (Castellón)